Luis Enrique Arróspide

Biografía

Nací en la década de los 60s en Lima, una apacible ciudad a orillas del Océano Pacífico, en la actualidad convertida en una desordenada megalópolis, como muchas de las capitales latinoamericanas.

Durante mi juventud, el mundo empezó a cambiar rápidamente, HP anunciaba su primer ordenador para uso doméstico, mientras las familias se reunían para ver por TV vía satélite la llegada del hombre a la luna y Motorola empezaba a vender sus primeros teléfonos móviles (¡pesaban casi 2 kilos!). Eran las primeras voces de un mundo caminando a convertirse en una aldea global.
Atraído por los misterios de la genética, que empezaban a revelarse, decidí estudiar Biología y obtuve una beca para el Baylor College of Medicine en Houston, trabajé en la creación del primer Banco de Ojos en Lima, una entidad sin ánimo de lucro, lo que me valió para ocupar una secretaría en la Asociación Panamericana de Bancos de Ojos.
A la par que terminaba mis estudios para obtener un máster en biotecnología, supe que sería padre muy pronto. Tenía el deseo de mantenerme en el sector social, pero las necesidades económicas me condujeron a trabajar en el sector privado; mi vida había cambiado.
Con el apoyo de mi familia logré mantenerme cerca de los proyectos sociales y la docencia universitaria, aproveché estas condiciones para estudiar ciencias administrativas.

Mientras mi carrera se desarrollaba prometedora, una nueva crisis crecía más rápido de lo que podía intuir y me condujo a un divorcio, a un desastre laboral y a un desierto en mi interior. Mi vida había cambiado y la pregunta de si alcanzaría algún día la felicidad me empezó a afligir.
El milenio había iniciado con sus voces de la “Nueva era”, al mismo tiempo las noticias anunciaban guerras, atentados terroristas y protestas antiglobalización. Atraído por el mensaje de felicidad y los sonrientes rostros de los maestros budistas, empecé mi camino en esta filosofía haciendo largos retiros con reconocidos maestros budistas.
En el 2011 viajé a Barcelona para ocupar la plaza de Director General de la Fundación Monjes Budistas, a la vez que me convertía en residente laico en la comunidad. Mi vida parecía tranquila y feliz.
Una nueva crisis en el 2016 me obligó en lo personal a enfrentar un segundo divorcio, que trajo consigo una nueva crisis personal en todos los ámbitos de mi vida, pero esta vez encontré en mi interior plenitud y certeza.
El budismo me había dado la pista pero no la respuesta. Fruto de aquellos momentos surgió en mí una nueva visión y comprensión sobre la felicidad, descubrí que me había liberado de la atadura de SER FELIZ y habiendo renunciado a su búsqueda, encontré el ESTAR FELIZ . Aunque a muchos les pareció contradictoria aquella renuncia a ser feliz, me sentía plenamente seguro de lo que había descubierto.
En los últimos años, la respuesta la encontré entre la biología, la física y la mente: la llamé Felicidad Natural. Descubrí que las ideas que tenemos sobre la felicidad son las que hacen que florezca o se destruya y que la felicidad es una emoción que se experimenta desde la neuroquímica del cerebro. Consecuencia de esto podemos ESTAR FELICES, pero no SER FELICES, aunque parezca un juego de palabras, no lo es. ESTAR es algo sujeto a las circunstancias por lo tanto es temporal; SER denota un estado o condición estable, de ahí que muchos busquen y persigan una felicidad ilusoria.

MEDIOS Y PRENSA

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REFLEXIONES

El momento actual está lleno de alegría y felicidad.
Pero sino estás atento no lo ves.
Tich Nhat Hanh

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Benjamin Franklin

Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias.
John Locke